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Palacio Episcopal de Astorga


Astorga tiene el privilegio de contar con una obra del más importante arquitecto modernista de España, y uno de los más conocidos del mundo, Antonio Gaudí. Destruido el antiguo Palacio Arzobispal en un incendio en 1886, el Obispo de la ciudad del chocolate encomendó a Gaudí la construcción de una nueva sede episcopal. Las obras de construcción del actual Palacio comenzaron en 1887 y terminaron en 1893.


El edificio consta de planta sótano, planta del piso bajo, piso principal y planta sotabanco. Todos los muros exteriores que conforman las distintas fachadas del edificio fueron construidos con piedra granítica de color gris, mientras que en el interior Gaudí utilizó muros de carga, pilares con capiteles, bóvedas de crucería, así como arcos ojivales.

A excepción del acceso principal con un pórtico de arcos abocinados, el resto del edificio presenta una gran unidad compositiva. Los distintos torreones, que enfatizan aun más la verticalidad, dan una continuidad en la visión exterior del edificio utilizando el recurso formal neomedievalista en el tratamiento de las esquinas.

En el sótano se observa una estancia amplia y grandiosa, sombría y severa, soporte de toda la belleza que se alza en los pisos superiores. Aquí Gaudí plasmó su gusto por lo neomudejar, palpable en la austeridad de los pilares de piedra, en la sencillez de la decoración de ladrillo y la creatividad de las bóvedas.

En la planta principal, con forma de perfecta cruz griega, se hallan las salas más hermosas, destinadas para vivienda, trabajo, recogimiento y expansión. El salón del trono es la estancia más importante, destaca por su altura, esbeltez, y formas proporcionadas. El despacho llama la atención por los tonos rojizos de las vidrieras. El comedor resulta luminoso gracias a las vidrieras grandes y diáfanas que presentan alegorías con frutas y flores y se acompañan de inscripciones.

La Capilla es la pieza clave en la estructura neogótica del edificio. Forma, en el exterior, un triple ábside con sus vidrieras, arbotantes, gárgolas, celosías superpuestas y estribos esbeltos y sólidos, y, en el interior, se vuelve todo misterio y recogimiento. Está decorada con grandes frescos en las paredes laterales, azulejos modernistas en los alzados de los muros, vidrieras policromadas de la más variada inspiración pictórica y un magnífico altar dedicado a la Virgen.

Desgraciadamente, Gaudí no llegó a terminar esta obra ya que a la muerte del obispo que le hizo el encargo, éste renunció a dirigir los trabajos de construcción del mismo. A pesar de ello, las personas encargadas de finalizar el Palacio Episcopal ó Palacio Gaudí intentaron en todo momento seguir el proyecto redactado por él.