info@caminosantiago.com

Iglesia de San Martín de Frómista

  • san martin

La iglesia de San Martín de Frómista está considerada como la obra más pura del románico, aquí alcanzó su máxima perfección gracias a su logrado conjunto y el equilibrio conseguido entre la arquitectura y la ornamentación escultórica. Fechada en el siglo XI, es un edificio pequeño, con planta distribuida en tres naves, la central más ancha y alta que las laterales, un crucero con cúpula en su centro y tres ábsides semicirculares, donde el central es el que presenta mayor desarrollo

Las portadas sobresalen del muro y se cubren con tejaroz soportado por canecillos, los cuales soportan a su vez las cornisas y aparecen tallados con cabezas de animales, motivos vegetales y con bustos o personajes humanos en actitudes diversas. El crucero está alineado con el resto de la iglesia y destaca por su cimborrio octogonal apoyado en trompas, cubriéndose con una cúpula. En su fachada occidental se levantan dos torres gemelas semicirculares que se articulan en las esquinas.

En el interior, las tres naves del templo se dividen en cinco tramos, cuatro de ellos de iguales dimensiones y el quinto de mayor anchura, que constituye el crucero. Las naves se cubren con bóveda de medio cañón, son más bajas y estrechas las laterales que la central y la del crucero, y descargan en arcos de medio punto.

En cuanto a la ornamentación, hay que resaltar la variedad en la decoración de los capiteles.

Destacan los adornados con motivos vegetales: capiteles con bolas o piñas que surgen de grandes hojas más o menos estilizadas completadas por volutas en la parte superior; capiteles con tallos sinuosos que cobijan hojas, y capiteles con hojas de acanto. También hay capiteles decorados con representaciones de animales: una primera fila de animales cabalgados por otros o por figuras humanas, aves mezcladas con figuras humanas.

Las escenas de los capiteles no siempre ofrecen una interpretación sencilla: puede señalarse la figuración del avaro; hombres portando un barril, escenas con personajes luchando; la representación de Adán y Eva y otras escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, además de representaciones basadas en modelos antiguos. También hay que destacar las numerosas esculturas que decoran los canecillos, en los que se advierte el talento del escultor a la hora de tratar las anatomías y dinámicas actitudes de los personajes representados.