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Los milagros del Camino

Un acto tan religioso como la peregrinación no pude sustraerse de los milagros, siempre hay leyendas que hacen referencia a alguno. El Camino de Santiago no es una excepción.

Existen varias narraciones que recogen hechos prodigiosos sucedidos a peregrinos durante su recorrido del camino santo. El milagro más renombrado -hay testimonios que indican que era conocido hasta en Europa central- sucedió en Santo Domingo, hacia el siglo XV.

Un matrimonio alemán de Santis, cerca de Wesel y Res, en el arzobispado de Colonia, decidió, en virtud de una promesa, venir en peregrinación a Compostela, acompañado de un hijo suyo, Hugonell, bello mancebo de 18 años.

Por ser etapa del Camino, y ante la fama de los milagros del glorioso sepulcro, se detuvieron y visitaron la iglesia de Santo Domingo, orando muy devotamente ante él.

Cansados del viaje, hallaron una posada, donde estuvieron dos días; la hija del patrón, se enamoró ciegamente del joven peregrino, le declaró su amor, pero fue rechazada.

Ella tornó entonces el amor en venganza y tomando una taza de plata, la introdujo en la valija del peregrino secretamente, mientras dormía. Ya en ruta, fue denunciado el robo ante el corregidor, la justicia encuentra la copa y el joven es condenado a la horca. Los padres llegan hasta Compostela y rezan por su hijo ante Santiago.

A su vuelta, lo encuentran aún colgado pero vivo por la intercesión del Apóstol, y de sus labios escuchan que Santo Domingo le ha conservado la vida. Cuando van a contar el milagro al juez, que estaba comiendo en una mesa en la que había un gallo y una gallina asada, incrédulo contestó: 'Tu hijo está vivo lo mismo que estas aves que aquí ves en el plato', momento en que los pájaros se cubrieron de plumas, saltaron del plato y cantaron" para dar fe del portentoso milagro.