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Ciudad nacida para albergar como se
merecía a Santiago Apóstol, mantiene su aspecto
medieval, excepto la muralla, ésta desapareció
desgraciadamente a finales del siglo pasado. El emocionado
peregrino recorrerá sus antiguas rúas; Rúa
do Franco, la Rúa do Vilar, la Rúa Nova y
la Rúa de San Pedro. Admirará sus bellas plazas;
la más famosa, la del Obradoiro, al pie de la Catedral,
la Plaza de la Quintana, la de la Inmaculada, la de San
Martín, la de la Ánimas...
Pronto llegará el caminante
ante la Catedral, el destino largo tiempo anhelado. Esta
obra maestra de la arquitectura es el monumento más
importante del románico. A través de la fachada
del Obradoiro se accede al Pórtico de la Gloria,
y ya dentro solo queda dejarse llevar por las emociones
que produce ver las valiosísimas y hermosas obras
de arte aquí guardadas.
La tradición invita a los romeros a seguir varios
rituales, el más importante y significativo es el
abrazo al Santo. Posteriormente hay que respetar el rito
pagano de los coscorrones, que consiste en intentar coger
una rama en el parteluz, bajo la figura del apóstol
sedente y después pedir tres deseos, tras la misma
columna hay una figura al que se le dan tres coscorrones
con la cabeza "para que transmita su sabiduría
y talento".
Una vez fuera de la catedral, en la
Plaza del Obradoiro, el caminante podrá sorprenderse
con los magníficos edificios que la rodean, y que
hablan de los mil años de historia y arquitectura
de la ciudad: el Colegio de San Jerónimo, fundado
en 1501; el neoclásico Pazo Raxoi, construido en
1766 y el Antiguo Hospital Real, hospital para peregrinos
patrocinado por los Reyes Católicos y edificado a
principios del siglo XVI. Estas son algunas de las maravillas
que puede disfrutar el peregrino en esta histórica
ciudad.
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