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Tras atravesar estos pueblos el caminante retoma la Ruta
Jacobea y la sigue hasta llegar a Quintanilla de la Cueza,
población tardo-romana del siglo III y IV donde se conservan
los restos de una villa romana con importantes mosaicos
y en la que se alza la Iglesia parroquial de la Asunción,
de ladrillo y con notables artesonados.
Su Retablo Mayor del siglo XVI, recoge escenas de la vida
de Cristo, y esculturas de San Antón y Santa Catalina, ambas
del siglo XVI. En el pórtico y el presbiterio se pueden
contemplar artesonados mudéjares. Continúa después el Camino
hacia Calzadilla de la Cueza, villa por la que pasó antiguamente
una calzada romana. Preside la población una solitaria torre,
faro de los peregrinos durante la Edad Media.
Posee una iglesia parroquial, San Martín, que atesora un
retablo renacentista del siglo XVI, obra de la escuela de
Juan de Juni y que procede del antiguo monasterio de Santa
María de las Tiendas. En esta zona no abundan los monumentos
pero sí construcciones típicas como los palomares, edificaciones
de distintas formas desde cuadradas hasta octogonales.
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