Los cristianos por su parte le llamaron "El Cid Campeador"
(el señor victorioso) por sus victorias. La leyenda
de sus hazañas ha ensombrecido la realidad histórica
de este caballero valiente. Los relatos literarios son tantos
que, sin ninguna razón, han llegado a poner en duda
su existencia real e histórica.
El Cid real, no el gran héroe retratado en el mítico
"El cantar del mío Cid", era un mercenario
que luchaba al lado de quien le pagara, tanto cristianos como
árabes, un guerrero sin patria. Aunque esta visión
desmitificadora de Rodrigo Díaz de Vivar tampoco puede
creerse por completo, las fuentes de las que procede esta
negativa visión es de historiadores musulmanes de la
época.
Totalmente diferente es el Cid del romance "El cantar
del mío Cid", leyenda, y balada, donde se le describe
como generoso con sus amigos, marido y padre afectuoso; soldado
valeroso; conquistador noble, magnánimo con los vencidos,
firmemente fiel a su país y su rey; el hombre cuyo
nombre y hazañas se sigue admirando hoy en día.
Y cuya figura, a pesar de los siglos aún sigue muy
presente entre los españoles.
Es muy difícil encontrar a alguien que no sepa quien
es el Cid Campeador, y no hay muchas figuras históricas
que puedan presumir de lo mismo. Claro que esto se debe en
gran medida al romance que narra su vida, una de las obras
más importantes de la literatura española. |