El religioso francés dividió el itinerario,
a través del " Camino Francés", en
trece etapas perfectamente delimitadas, cada una de las cuales
debía hacerse en vario días, según "el
ánimo de cada grupo de peregrinos", a razón
de unos 35 kilómetros diarios a pie, o casi el doble
si se hacía el Camino a caballo. Señaló
las distancias entre pueblos, los santuarios y monumentos
del trayecto, e incluyó observaciones sobre gastronomía,
potabilidad de las aguas, carácter de las gentes y
costumbres de los pueblos. Una guía realmente completa
y muy "moderna" para la época.
Picaud también aborda en su obra el poder curativo
del Apóstol Santiago, que según él
procedía de un don concedido por Dios a los apóstoles.
Con esta afirmación lo que pretendía era promocionar
el santuario de Compostela, y para ello se ayudó
de la narración de algunas enfermedades curadas por
Santiago, afirmando que "devolvía la vista a
los ciegos, el habla a los mudos, la vida a los muertos
y curaba a las gentes de toda clase de enfermedades para
gloria y alabanza de Cristo".
Así mismo, el monje relata en su guía la
historia del descubrimiento del cuerpo de Santiago en tierras
gallegas, una narración que hoy en día es
la más extendida. Sitúa Picaud el prodigioso
hecho en Iria Flavia el año 813, bajo el reinado
de Alfonso II, el Casto, en el Reino Astur y Carlomagno
en Occidente (la realidad histórica indica que Alfonso
II por esos años si gobernaba, pero Carlomagno ya
había fallecido).
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