Esto es lo que se relata en el Códex Calixtinus escrito por
Aymeric Picaud. La realidad coincide con la leyenda en el
hecho de que Alfonso II ordenó la construcción de un templo
dedicado al Apóstol. El resto, es fruto de la imaginación.
Para el Rey, el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Mártir
fue un hecho muy importante no solo en el aspecto religioso,
sino militar.
En el primer tercio del siglo IX, la invasión musulmana estaba
prácticamente consolidada y únicamente los reinos del norte
se resistían a su dominación. Alfonso II, al contrario que
sus antecesores era partidario de reanudar la guerra contra
los árabes. El hallazgo de los restos de Santiago, fechados
hacia el año 830, supuso encontrar también el elemento necesario
para unir a los reinos cristianos en la lucha contra el enemigo
invasor.
Así surge la figura de un Santiago que de pacífico apóstol
de Cristo se convierte en guerrero que aplasta con su caballo
los cuerpos de los moros y degüella sus cabezas espada en
mano. Un santo que, según la tradición, presidirá las más
importantes batallas de la Reconquista, ayudando a superar
el complejo de inferioridad que aquejaba a los pueblos cristianos.
Estos, poco a poco, van recuperando sus dominios y convierten
a Compostela en el principal foco de atracción espiritual
del Reino astur-leonés, y poco después de toda Europa. |