En la época más dorada del cine
americano, este hispano rotundo se atrevió a romper
el férreo corsé hollywoodiense y logró
inscribir su nombre con letras muy gordas en los carteles
de algunas películas magníficas. Papeles de
hondo impacto, como los representados en Zorba el Griego,
Lawrence de Arabia o Las sandalias del pescador, justifican
que su apellido aún perdure en el recuerdo de los aficionados
al cine.
Quinn recorrió el Camino en 1999. Pero no lo hizo como
un peregrino más: su periplo simula el supuesto (e
inacabable) viaje de un hombre misterioso e inquietante, Félix
Foulé. Un individuo cuya historia ha cautivó
al actor hispano: "Se trata -explica- de un personaje
que tiene muchos años; tantos que, al final, una niña
me pregunta cuánto llevo en el Camino y yo respondo
que una eternidad".
El rodaje siguió la Ruta Jacobea, un espacio que era
desconocido para Anthony Quinn, que recibió las primeras
noticias sobre la importancia del Camino de Santiago al leer
el guión: "No sabía nada sobre él,
pero aprendí mucho". Quinn pondera, sobre todo,
"la riqueza de los lugares por los que pasamos";
unos sitios que sorprendieron al actor por "la cantidad
de vírgenes y santos que hay por toda la Ruta".
En la compartió protagonismo con su hijo Lorenzo, al
que no dejó de alabar: "Es un actor fabuloso;
me encanta trabajar con él".
Pese a que la nómina de actores enrolados en la aventura
jacobea creada para Antena 3 mareaba por su esplendor (Quinn,
Anne Archer, Echanove, Pepe Sancho, Loles León, Joaquim
de Almeida, Charlton Heston), el principal protagonismo recayó
en dos cómicos europeos: la alemana María Schrader
y el italiano Massimo Ghini. |