Ojo de Guareña es un complejo kárstico situado
en la vertiente meridional de la cordillera Cantábrica
donde se alza un cejo rocoso formado por piedras calizas y
dolomías coniacenses, y que descansa sobre un impermeable
substrato de margas y calizas arcillosas. Sus características
cuevas son fruto de la erosión producida por la acción
de los ríos Guareña y Trema cuyas aguas penetraron
dentro de la gran roca en el Cretácico Superior.
Crecen en este espectacular paraje hayas
y abedules en su parte norte, mientras que en el sur predomina
la encina y el quejigo. También se puede hallar vida
vegetal dentro de las cuevas donde moran las algas, los
hongos y las bacterias.
Habitan este Monumento Natural numerosas
aves rapaces como el buitre leonado o el alimoche, y el
bosque acoge al zorro, el jabalí y gato montés.
Aunque la fauna más interesante, por única,
se encuentra dentro de las cuevas donde se han detectado
más de 50 especies de invertebrados cavernícolas,
cuatro de ellos únicos y exclusivos en el mundo.
Al indudable valor geomorfológico
y biológico de Ojo de Guareña hay que sumarle
su interés histórico. En el interior de las
cuevas se han hallado varios santuarios prehistóricos
que permiten seguir con toda claridad, y sin que falte ninguna
etapa clave, la evolución de la religiosidad -desde
el Paleolítico hasta nuestros días- del hombre
occidental. Entre estos santuarios destaca la Sala de las
Huellas, cueva donde se puede observar un conjunto de rastros
de pies descalzos dejados por nuestros antepasados hace,
aproximadamente, 15.000 años.
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