Este lugar es conocido sobre todo por su importancia histórica,
en él está enclavado el monasterio románico
de San Juan de la Peña, el más importante en
la Alta Edad Media, primer panteón real de Aragón
y cuna histórica de la reconquista en el Reino de Fernando
el católico.
Historia aparte, San Juan de la Peña
alberga un entorno ecológico de gran interés
en el que destaca su densa y variada masa forestal con bosques
bien conservados de pino silvestre y en los que habitan
también hayas y tilos. Este enclave natural ha logrado
mantenerse virgen gracias a la política conservacionista
practicada durante siglos por los monjes del monasterio,
constituyendo uno de los más relevantes ecosistemas
aragoneses de media montaña. Sus grandes cortados
de roca conglomerada alcanzan entre los 1.000 y 1.290 metros
y bajo ellos se esconde el viejo monasterio. Sirven además
como lugar de nidificación para una importante población
de aves rapaces.
El paraje se extiende a lo largo de 264
hectáreas ocupados por pinos silvestres, en la parte
superior, y abetos, robles, encinas, acebos, enebros, gayubas,
y bojs en la vertiente norte. El microclima mediterráneo
de montaña imperante se traduce en esta elevada variedad
de especies botánicas que se completan con flores
características como la primavera, la hepática,
la violeta y la aguileña y también con matas
de brecina y arándano. En San Juan de la Peña
habitan así mismo, entre sus riscos, aves rapaces
como el quebrantahuesos, el buitre leonado y el alimoche;
y entre sus bosques se ocultan el tejón, el jabalí,
la perdiz y el conejo.
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