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Los castillos en el Camino
Los Castillos son el símbolo por antonomasia de la Edad Media española. Entre los años 722 y 1422 el paisaje ibérico se llenó de estas monumentales construcciones de piedra que se alzaban poderos en enclaves estratégicos. Su número aumentó espectacularmente en esta época gracias a la expansión económica que se vivía, y a la recuperación de territorios en manos de los árabes durante centurias.
Esta coyuntura socio-económica favorable le debe mucho al Camino. El constante trasiego de peregrinos trajo consigo movimiento de capital y población venida de otras regiones de Europa, gente que llegó cargada de conocimientos y dinero.

Las arcas de los reyes comenzaron a llenarse, pudiendo contratar mercenarios para continuar con la reconquista de las tierras del sur de Iberia. Alrededor de los castillos se levantaron pueblos -cuando había peligro sus gentes se refugiaban en ellos- y en su interior se formaron pequeñas y bulliciosas ciudades; con molinos, herrerías y pequeños mercados. Estas fortalezas se constituyeron en los núcleos sociales más relevantes del medioevo.

La sociedad de entonces era básicamente rural: la tierra suponía el elemento económico más importante, a ella se destinaba la casi totalidad de la mano de obra disponible, que muchas veces se veía obligada a coger las armas para defender las posesiones de sus amos. El castillo se erigió en elemento catalizador de todas las actividades de la sociedad, agrícolas, gremiales, militares...

Las ciudadelas estuvieron, también, relacionadas de manera muy directa con la consolidación y extensión de los feudos en los territorios reconquistados a los musulmanes. El castillo solía ser la recompensa o botín por los servicios prestados en una guerra al señor, era el centro de una naciente y boyante propiedad rural, y también la primera víctima de las revueltas populares y campesinas que se sucedieron en esos siglos.

Los peregrinos realizaron su marcha hacia Compostela al abrigo de estas magníficas construcciones que se alzaban en elevadas colinas oteando el horizonte. En el camino pudieron admirar castillos como el de Javier en Navarra; el del Temple en Ponferrada, el Castillo-Palacio de Villafranca del Bierzo en León...