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Los peregrinos
A lo largo de las distintas rutas
que llevan a Santiago de Compostela han transitado personas
de toda índole y condición: peregrinos de buena fe,
por condena judicial o canónica, juglares, pordioseros,
vagabundos, aventureros, prófugos, bandidos... |
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Los penitentes religiosos realizaban
el camino movidos por una necesidad personal, sentían
un deseo incontenible de visitar el lugar en el que reposaban
los restos del Apóstol Santiago para lograr una relación
personal con él.
Otros peregrinos, hacían el camino para cumplir una
promesa efectuada al Apóstol si les ayudaba a salir
con bien de alguna difícil situación. Cumpliendo
también una promesa emprendían el viaje gentes
que habían estado muy enfermas. Y los que estaban enfermos
hacían el camino en busca de curación.
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Así mismo, estaba el viajero
que realizaba la peregrinación como castigo, impuesto bien
por la autoridad eclesiástica, o por jueces civiles. Pero
no todos los que emprendían el camino lo hacían por
motivos píos, algunos "peregrinos" perseguían
un beneficio económico. Había penitentes por delegación
o encargo de terceros, varios recorrían el trayecto por un
deseo de conocer mundo, otros se veían obligados a viajar
por cláusulas testamentarias, que ponían como condición
para acceder a una herencia acercarse a Santiago. Y también
estaban presentes los ladrones, negociantes sin escrúpulos
o herejes.
Una de las razones del aumento del número de peregrinos fue
la instauración de la institución del Jubileo por
el Papa Calixto II, que en 1122 posibilitó que todos aquellos
viajeros devotos que se pusieran en camino en Año Santo -cuando
la festividad del Apóstol, 25 de julio, cayese en domingo-
y cumpliesen los requisitos venturosos de la peregrinación,
se verían liberados de casi todos sus pecados. Esto provocó
que el número de peregrinos que realizó el camino
en el siglo XII ascendiera a la impresionante cifra de 200.000.
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