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El primer peregrino conocido fue Gotescalco,
obispo de Puy, el año 950, en unión de una
importante comitiva; más tarde recorrería
el camino Raimundo II, marqués de Gothia, quien sería
asesinado en el trayecto, y un siglo después visitaría
la tumba del apóstol el arzobispo de Lyon. Y junto
a estos peregrinos ilustres caminaron creyentes de todas
las condiciones, cada vez en mayor número.
El camino de Santiago ha ido unido indisociablemente a la
cultura, a la formación y a la información.
Cuanto se decía, predicaba, contaba, cantaba, esculpía
o pintaba en el camino alcanzaba siempre a más gente
y a más lugares. Gracias a su influjo en el arte
y la literatura, Compostela junto con Jerusalén y
Roma se convirtió en meta de la sociedad cristiana,
especialmente a partir del siglo XI al XIV. El camino, fenómeno
peregrinatorio jacobeo, llegaría a ser un foco catalizador
de toda la sociedad cristiana.
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