EL
MONASTERIO DE SAN ANTÓN. LA MISTERIOSA ORDEN DE LOS
ANTONIANOS
Los ciudadanos nórdicos y centroeuropeos, atacados de
forma cruel y endémica por el morbo del fuego de San Antón,
acuden en peregrinaciones multitudinarias hacia
Compostela. A lo largo de la andadura, piden a los clérigos
antonianos que mitiguen el daño de sus extremidades
gangrenadas tocándolas con punta de su báculo en forma
de tau. Éstos también reparten, entre los peregrinos
enfermos, unos a modo de pequeños escapularios que llaman
Taus, así como
el pan y el vino manipulados con ciertos rituales en los
que participa el báculo abacial (naturalmente, en tau);
también, aunque con menos frecuencia, entregan las
campanillas benditas del santo con la cruz de San Antón.
Y, así, la enfermedad va mejorando hasta que, llegados a
Santiago, se encuentran absolutamente sanos. Pero, a los años
de regresar a su país de origen, reaparece (sin duda, en
castigo de alguna nueva culpa contraída) y es necesario
un nuevo peregrinaje que asegura otra infalible curación.
Con
lo cual queda rubricado el poder taumatúrgico del apóstol
en Occidente y de la misteriosa orden de San Antonio.
Siglos
más tarde, ya desaparecida la orden antoniana, la ciencia
médica descubre que el fuego
de San Antón es una enfermedad vascular, llamada hoy
ergotismo, y provocada por la ingesta continuada de pan de
centeno infectado por el hongo del cornezuelo (Claviceps
purpurea).
Así
pues, los habitantes de las áreas de la Europa fría,
consumidores habituales de pan de centeno, enfermaban
secundariamente a la vasoconstricción producida por el
hongo. Y, al cambio de alimentación, durante su camino
por zonas meridionales, productoras de trigo y comedoras
de pan candeal, iban curando progresivamente.
Extractos
del libro “Curiosidades del Camino de Santiago”.
Autor.- Juan Ramón Corpas Mauleon. Editorial Edilesa
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