LA PIADOSA LEYENDA DE SAN GUILLÉN Y SANTA FELICIA
Dejando atrás Eunate, el Camino pasa tangente a la villa de
Obanos, en donde es imprescindible evocar la leyenda de
Guillén y Felicia. Felicia y su hermano Guillén –
sucesor del poderoso ducado de Aquitania – viven holgada y
confortablemente es sus ricos señoríos. Un día, ella
decide peregrinar a Compostela, siguiendo un rito hondamente
arraigado en su familia desde que Guillermo X viniese a
morir en Santiago, un 9 de abril – Viernes Santo – de
1137.
A su
vuelta, tocada de la poderosa influencia del apóstol,
despide a su séquito y queda, sirviendo como criada, moza
de labor, en Amocáin. Su hermano, al saberlo, parte en su
busca y la requiere para que retorne a su país, donde le
aguardan un conveniente compromiso matrimonial y una
existencia regalada. Ella se niega y él, en un rapto de cólera,
la degüella. Los perros lamen su sangre. Arrepentido ante
su crimen, entierra a su hermana y en hábito de peregrino,
recorre el camino jacobeo buscando el perdón. De retorno,
ve el alto de Arnotegui y decide construir una ermita y
recluirse en ella, trabajando y orando, hasta su muerte.
Felicia, sepultada en Amocáin, surge con su ataud al campo
como un retoño. Luego, montada en una mula blanca, resuelve
ser enterrada en Labiano. Allí permanece su cuerpecillo
incorrupto curando los dolores de cabeza de lugareños y foráneos.
Esta
leyenda toma cuerpo literario en el auto sacramental que,
con el nombre de Misterio de Obanos, se ha venido
representando en la citada villa desde 1962 y que retorna en
cada año Compostelano.
Extractos
del libro “Curiosidades del Camino de Santiago”.
Autor.- Juan Ramón Corpas Mauleon. Editorial Edilesa
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