El Pórtico de la Gloria, la mayor joya arquitectónica y
escultural del conjunto
El rito de los coscorrones. Una vez en el Pórtico, hay que
cumplir con el rito pagano de los coscorrones. Consiste
en intentar aprehender una rama en el parteluz, bajo la
figura del apóstol sedente. Se piden tres deseos. El contacto
de tantísimas manos a lo largo de siglos ha horadado y pulido
la piedra.
Tras la misma columna hay una figura que la tradición asimila
al Maestro Mateo y al que se le dan tres coscorrones con
la cabeza "para que transmita su sabiduría y talento".
Finalmente, es necesario contemplar el Botafumeiro, la Berenguela
-campana hoy ya jubilada-, el Santiago ecuestre y el Altar
Mayor.
El botafumeiro, un espectacular incensario de latón
plateado, merece una mención especial. Con ocasión
de ciertas celebraciones, los peregrinos pueden asistir
ar la singular ceremonia del botafumeiro, cuya función
ancestral fue aromatizar el templo.
El botafumeiro pende de lo alto del crucero y mediante
un empujón a modo de impulso se desvía de
la vertical. Mientras se balancea como un péndulo
los tiraboleiros sueltan cuerda en el punto más
alto del movimiento y tiran de ella en el más bajo.
La ceremonia es verdaderamente digna de ver, ya que el
incensario, de ochenta kilos de peso, baja a ras de suelo
y pasa a una velocidad de unos setenta kilómetros
por hora dejanto tras de sí un penetrante aroma
humo e incienso.
Precisamente la estela de aroma que deja tras de sí
es el motivo de su origen, ya que cuando la peregrinación
a Santiago comenzó a ser masiva, la gran cantidad
de personas que abarrotaban la catedral provocaban un
desagradable olor, por lo que se decidió instalar
el botafumeiro.