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Cansados del viaje,
hallaron una posada, donde estuvieron dos días; la hija
del patrón, se enamoró ciegamente del joven peregrino, le
declaró su amor, pero fue rechazada.
Ella tornó entonces el amor en venganza y tomando una taza
de plata, la introdujo en la valija del peregrino secretamente,
mientras dormía. Ya en ruta, fue denunciado el robo
ante el corregidor, la justicia encuentra la copa y el joven
es condenado a la horca. Los padres llegan hasta Compostela
y rezan por su hijo ante Santiago.
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