Una
vez producido el esguince, si no hay rotura del ligamento,
la aplicación de hielo sobre la parte dolorida y un día o
dos de reposo suelen ser suficientes. También puede ayudar
el tomar algún antiinflamatorio (Neobrufen, Quiralam, etc).
Un esguince tipo II (con rotura parcial o total del
ligamento) nos echa del Camino y nos manda a casa sin
remedio.
ARTRITIS TRAUMÁTICA: lesiones articulares producidas,
en nuestro caso, por sobrecarga. Los microtraumatismos que
se producen sobre la articulación producen, al final, un
cuadro doloroso limitado a la articulación, que puede
obligar a interrumpir la actividad. Lo más frecuente es que
se produzcan en las rodillas tras descensos prolongados.
Contribuyen a la aparición de estas lesiones las etapas
excesivamente largas, los descensos prolongados (¡Triacastela!)
y el cargar una mochila excesivamente pesada.
Podemos tratar de evitar la aparición de la artritis traumática
programando etapas no excesivamente largas y limitando al máximo
el peso que carguemos en la mochila. Una vez producida la
lesión, tratarla con antiinflamatorios (Neobrufén,
Quiralam) y frio local. Este
tipo de lesiones, si no somos muy brutos y las cuidamos un
poco, no deben representar un gran problema, aunque sí nos
harán algo más penosa la marcha.
TENDINITIS:
se refiere a la inflamación de un tendón en cualquier
parte de su recorrido. La que nos suele afectar a los
peregrinos es la tendinitis del tendón de Aquiles. Esta
lesión se caracteriza por la aparición de un dolor en la
parte posterior del talón, que suele aparecer por las mañanas,
al dar los primeros pasos, que desaparece total o
parcialmente con la marcha y que vuelve con mayor intensidad
durante y después de la actividad física, y que se va
haciendo cada vez más intenso. El dolor se va haciendo cada
vez más duradero, incluso permanente, hasta impedir la
actividad física.
Hay varias causas, pero las que nos interesan a los
peregrinos son: La diferencia de altura del tacón (sobre
todo en mujeres acostumbradas a usar zapatos de tacón. El
cambio a un calzado de suela lisa obliga a una elongación a
la que el tendón no está habituado). El uso de calzado con
talonera excesivamente blanda, la marcha por terrenos cuesta
arriba provoca igualmente un estiramiento excesivo del tendón
forzando los límites de su elasticidad. Por último, la
presión directa del calzado sobre el tendón, provocado por
botas de caña alta excesivamente apretadas a nivel del
tobillo.
La
tendinitis del Aquiles podemos prevenirla fundamentalmente
con la elección correcta del calzado. Debemos usar botas de
suela dura, sin amortiguación blanda del talón, y fijándonos
en que lleven un rebaje de la caña en la parte posterior.
Casi todas las buenas botas en la actualidad, llevan
rebajada la caña en la parte posterior del tobillo,
precisamente para evitar la tendinitis del tendón de
Aquiles. También, sobre todo las mujeres acostumbradas a
usar zapatos de tacón, deberían realizar ejercicios de
estiramiento del tendón de Aquiles en intensidad
progresiva, unas semanas antes de comenzar a caminar con las
botas que vayan a usar en el Camino.
Si, a pesar de todo, se produce la lesión,
antiinflamatorios y hielo local.
¡Un calzado mal elegido puede echarnos del Camino!
ROZADURAS:
son llagas o heridas producidas en los pies por usar calzado
demasiado apretado o justo. No suelen representar un
problema serio, aunque suelen ser dolorosas. El calzado
demasiado ajustado también puede producir molestias a nivel
de las uñas (las famosas "uñas negras"), que serán
causa, al final de la pérdida de la uña. La prevención de
estas lesiones se limita a la correcta elección del
calzado, desechando aquél que nos quede demasiado apretado.
Mucha atención también al cuidado de las uñas, manteniéndolas
siempre cortas. No debemos de olvidar incluir un buen
corta-uñas entre nuestros enseres de aseo. Las heridas
producidas por rozadura únicamente requieren una higiene
cuidadosa para evitar su infección: limpieza con Betadine y
protección con tiritas o, mejor aún, con Tulgrasum
cicatrizante. Y por supuesto, desechar ese calzado que ahora
descubrimos (¡a buenas horas!) que nos queda pequeño.
AMPOLLAS:
¡Ah las ampollas!, inevitables, odiosas ampollas.
Generalmente acompañan al peregrino desde el segundo día
de caminata o incluso desde el primero. Representan la lesión
"peregrina" más frecuente y la que más disgustos
nos suele dar.
Veamos cual es el mecanismo de producción de la ampolla:
cuando vamos caminando el calzado no ajusta exactamente
igual en todas las zonas del pie. Hay zonas en la el pie
"baila" ligeramente con cada paso. Esto no lo
notamos inmediatamente, por lo que comenzamos a caminar
tranquilamente hasta que empezamos a notar que, en algún
punto del pie vamos sintiendo una leve molesta a la que no
hacemos caso en ese momento. Se está empezando a formar una
ampolla.
La ampolla consiste en una acumulación de líquido entre la
epidermis y la dermis como consecuencia del deslizamiento de
la capa superficial de la piel sobre la profunda. Ese
deslizamiento repetido cientos de veces provoca una
inflamación localizada que es la causante de la acumulación
de líquido que caracteriza a la ampolla.
Prevención de las ampollas: probablemente cada peregrino
tenga una fórmula o un sistema para prevenir la aparición
de ampollas. No obstante, paso a citar lo que a mí me
parece más correcto.
1º/
Calzado: el pie no debe quedar "suelto". El
calzado debe ajustar lo mejor posible, sin llegar a apretar
en ningún sitio (peligro de rozaduras o llagas). Lo ideal
es conseguir este ajuste a base de calcetines, generalmente
unos finos en contacto con el pie y otros más gordos sobre
éstos. Los calcetines pueden ser de algodón o, mejor aún
de polipropileno u otras fibras sintéticas. Hay unos
calcetines muy buenos de la marca Quechua que son
precisamente "antiampollas" que podéis encontrar
en cualquier tienda de deportes.
2º/Preetapa:
limpieza escrupulosa de los pies. Untarlos bien con
vaselina. Sin racanería, vaselina por un tubo en todo el
pie. También entre los dedos. Ponerse los calcetines
cuidando que no queden pliegues o arrugas. Si tienen
costuras, nos los ponemos del revés, dejando las costuras
por fuera. Nos calzamos las botas y apretamos los cordones
cuidadosamente desde la puntera hasta el tobillo,
comprobando que el pie queda sujeto pero no apretado.
3º/Caminando:
procurar parar cada dos horas para descansar un poco. Nos
quitamos las botas y los calcetines y aireamos los pies un
poco. Si podemos meterlos en agua fría, todavía mejor. Los
observamos cuidadosamente tratando de descubrir alguna rojez
o ampolla incipiente. Los secamos bien antes de ponernos los
calcetines. Si éstos están húmedos los cambiamos por
otros que estén secos. Podemos untarlos otra vez con
alcohol de romero.
4º/Postetapa:
nada más llegar al alojamiento nos quitamos las botas y los
calcetines y nos dedicamos a la higiene de los pies. Es
bueno sumergirlos en agua fría un buen rato (el frío tiene
acción antiinflamatoria y antiedematosa) y después darnos
una buena friega con alcohol de romero. Nos ponemos nuestras
chanclas y a descansar... hasta mañana.
Vamos a prestar atención ahora a
los síntomas iniciales de la ampolla y a su
tratamiento.
El primer síntoma de la ampolla,
cuando se está empezando a formar, es una sensación
ligeramente molesta en un punto concreto del pie. Creo que
todos los peregrinos lo hemos experimentado. La sensación
es que tenemos un pliegue en el calcetín que nos molesta.
En este mismo momento hay que parar, quitarse la bota y el
calcetín y explorar cuidadosamente la zona dolorida.
Descubriremos con horror que se está formando una ampolla.
Bien, hay que actuar de inmediato: como hemos tenido la
precaución de comprar apósitos Compeed, nos ponemos uno
sobre la ampolla que sea lo suficientemente grande como para
cubrirla totalmente y que sobre un poco. Si no tenemos
Compeed, un trozo ancho de esparadrapo realizará la misma
función. Las tiritas normales no sirven de nada una vez que
la ampolla empieza a aparecer. El Compeed no se debe quitar
hasta que se cae espontáneamente, lo que suele ocurrir a
los cuatro o cinco días. O sea, que podemos ducharnos con
el apósito puesto y caminar tranquilamente con él sin que
nos moleste en absoluto. Si la cosa ha ido bien, al caerse
el apósito veremos que la ampolla ha desaparecido. Si
quedan restos, colocar otro Compeed.
Bien, llegamos al alojamiento y nos
encontramos con un par de hermosas ampollas en nuestros
pies. ¿Qué hacer?
1º/ En primer lugar, nuestra
necesaria ducha, con especial atención al lavado de los
pies, como todos los días.
2º/ Desinfección de la ampolla y
zonas vecinas con un algodón empapado en Betadine.
3º/ Preparamos una aguja de coser normal y corriente que
habremos armado con un trozo de hilo de algodón normal, del
que se usa para coser botones. La aguja y el hilo los
desinfectamos pasándolos por un algodón empapado en
Betadine. Previamente, como es lógico, habremos lavado
cuidadosamente nuestras manos con agua y jabón. No las
secaremos.
4º/ Tomamos la aguja con el hilo
y, sin miedo, atravesamos la ampolla de parte a parte (¡no
duele!) hasta que veamos aparecer el hilo. Cortamos el hilo
dejando un centímetro aproximadamente por cada parte de la
ampolla. Volvemos a desinfectar la zona ¡et voilá!. Ya
hemos terminado. Ahora lo que tenemos es un ampolla vacía
de la que sobresalen dos trozos de hilo, uno por cada
parte.
La ampolla ya no existe ni existirá,
porque los cabos de hilo que hemos dejado actúan como
drenaje, de manera que no volverá a acumularse líquido
dentro de la ampolla.
Ahora hay que prestar mucha atención a evitar que la
ampolla se infecte. Para ello cubriremos la ampolla (mejor
ex-ampolla) con un apósito (sirve una tirita ancha, que
cubra la zona extensamente) y la desinfectaremos diariamente
con Betadine.
Podremos comprobar que caminamos perfectamente sin molestia
alguna. Se puede caminar perfectamente con los hilos. Si
retiramos el hilo comprobaremos que la ampolla vuelve a
llenarse, reapareciendo entonces el problema.
Bueno, creo que con esto es
suficiente para tener una idea de los remedios que hemos de
aplicar en caso de lesión, y la manera de evitarlas. Si tenéis
alguna duda o queréis alguna aclaración, para eso está el
foro. Preguntad y se os contestará. O al menos se intentará.
En todo caso, que Santiago nos
proteja y ¡BUEN CAMINO!
www.caminosantiago.com
agradece la colaboración de Manu
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