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En su subsuelo, a unos tres metros por debajo del pavimento,
circula una corriente de agua subterránea que proveniente
de la montaña vierte al Ebro. El templo se sostiene sobre
unos cimientos formados por inmensos bloques de piedra,
enroscados entre sarmientos, - los vástagos de las vides -,
que reciben la suficiente humedad de las capas freáticas
para que nunca se corrompan o se pudran.
Fue declarada "Insigne" por el Papa Benedicto
XIII según bula del año 1727, y en agosto de 1959 ascendió
a Concatedral. Las torres barrocas de este monumento, las
“Gemelas”, se levantaron en el siglo XVIII. La
factura de Martín de Beratua será recordada en el Camino
un poco más adelante, el contemplar la similitud de la
torre de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, obra
del mismo autor. Están formadas por un fuste de paramento
liso de gran desarrollo y sección cuadrangular con esquinas
redondeadas. Sobre él se sitúa un cuerpo dedicado a
conjuratorio con pilastras toscanas y barandado ciego
corrido. Termina este cuerpo en un establamento que sirve de
transición hacia un cuerpo ochavado con función de
campanario en que destacan las ventanas de medio punto y los
óculos que animan sus planos. El campanario termina en un
establamento y un chapitel estructurado en dos niveles.
Destaca en la Concatedral su portada principal, un gran
retablo de piedra cerrado por una verja que procede de la
capilla del Santo Cristo. Está encuadrada por esbeltas
columnas corintias, y sigue los modelos de las fachadas de
las iglesias de San María de Viana y San Esteban Protomártir,
de Murillo de Río Leza. Consta de tres cuerpos y siete
calles y se cubre mediante bóveda de horno en la que se
encuentran los relieves de los cuatro Evangelistas, cuatro
Angeles y el Padre Eterno. Las imágenes están relacionadas
con las de alabastro situadas en los laterales del trascoro.
La obra se corona por un frontón roto en volutas que
cohesiona los elementos de la fachada con un San Miguel en
el centro.
Las portadas laterales se realizaron hacia 1705, fueron
concebidas a la manera de pequeños retablos en piedra. La
del lado del Evangelio está dedicada a San Martín y la del
lado de la Epístola a la Anunciación de la Virgen.
En el interior de la Concatedral se destacan varios
elementos. La sillería del coro, esculpida por Arnao de
Bruselas, compuesta por 24 asientos altos y 22 bajos, está
organizada mediante pilastras toscanas estriadas con
arquitecturas en los respaldos altos e imaginería en los
bajos. El retablo mayor, del siglo XVII, que descansa en un
almohadillado de media caña, está formado por un banco, un
solo cuerpo de tres calles dotado de seis columnas salomónicas
y ático a la manera de gran portada. Todo el conjunto se
encuentra rematado por un frontón curvo que se quiebra en
distintos planos. En la iconografía destaca la imagen del
Arbol de Jesé en el que aparecen la Virgen titular, imagen
hispanoflamenca, presidiendo sobre una peana. La colección
escultórica es magistral, con más de noventa tallas de
excepcional calidad, - como el Cristo Yacente, auténtica
obra maestra -, con obras de los talleres de Gaspar Becerra,
Juan de Bazcardo o atribuidas a Gregorio Fernández, aunque
los autores de muchas de ellas resten en el anonimato. A lo
que habría que añadir numerosos lienzos, tablas, frescos,
rejerías,… de autores de la talla de Navarrete el Mudo,
Gil de Siloé, el Maestre Anse, Andrés de Melgar, José de
Vexes, Pedro Jiménez el Viejo, Juan Tomás Celma… y por
supuesto, el “Calvario” de Miguel Ángel, la mano que
iluminó la Capilla Sixtina pintó esta tabla para su amiga
Vitoria Colonna.
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