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En 1516 se desmanteló por orden de Cisneros, aunque
fue restaurado más tarde. La fortaleza de Javier
es conocida sobre todo por ser el hogar de San Francisco.
Se conserva el aposento del santo -abierto al público-
y un crucifijo que según la tradición popular
sudó sangre el día en el que el misionero
falleció en China. En estos momentos se ha convertido
en un lugar de peregrinación religiosa.
El castillo se divide en varias zonas; la puerta principal,
a la que se llega mediante un puente levadizo que salva
el foso; el Patio de Armas, con un aljibe; la poterna, puerta
situada al final del patio y por la que se accede al interior
de la edificación; la torre del Santo Cristo, a cuya
derecha se halla la capilla del Cristo sus paredes están
decoradas con pinturas murales sobre la danza de la muerte;
la Torre del Homenaje, llamada también la Torraza
o torre de San Miguel; la sala Grande, situada enfrente
de la capilla; el antiguo comedor, la cocina, la chimenea
y el cuarto de estar, de cuyas paredes cuelgan algunas muestras
de pintura española y flamenca; y la Sala de Capellanes,
que sirvió de vivienda a estos religiosos a partir
del siglo XVII. Adosada al castillo se encuentra una basílica
de estilo neogótico (S. XVII), de la Anunciación,
que guarda un bello retablo rococó.
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