|
Uno de ellos, Pedro Fernández de Castro, ordenó
reformar las torres de la fortaleza vieja, y posteriormente,
D. Fadrique Enríquez, duque de Arjona, comenzó
la construcción de la Torre del Rastrillo que fue
finalizada por Pedro Alvarez Osorio, que mandó a
su vez levantar la Nueva Torre del Homenaje, la de Cabrera
y la de Monclín, el velador de los azulejos, la Sala
de Armas y la bodega. Durante los siglos XV y XVI se fortaleció
la torre de Malvecino y se construyó la de Juan de
Torres, la mina o Coracha y sus baluartes.
El Castillo llegó prácticamente
intacto hasta 1811, año en que se dispuso la voladura
de las fortalezas interiores para evitar que cayeran en
manos de los franceses.
En 1924, tras numerosos ataques que fueron
destruyendo, cada vez, más elementos de este antiguo
castillo, fue declarado Monumento Histórico Artístico.
Actualmente se ha aprobado un plan destinado a su restauración.
La fortaleza estaba rodeada por un foso,
excepto por la parte oeste en que el río Sil forma
una defensa natural. Este foso se salvaba mediante un puente
levadizo, que ha sido reconstruido como fijo para alcanzar
la puerta, la cual, está flanqueada por dos torreones
cilíndricos que se unen a ella mediante un arco doble
de medio punto. Estas torres están rematadas con
almenas de albardilla y anexadas por una terraza voladiza.
Dentro del recinto del fortín, a
la izquierda, se encuentra la Torre Rastrillo o de los Caracoles.
La portada de esta torre también está flanqueada
por dos torreones cilíndricos acabados en matacanes.
Al fondo del espacio fortificado está el Castillo
Viejo, con una puerta gótica rematada de matacanes.
La Nueva Torre del Homenaje, situada al
fondo izquierda de la Fortaleza Vieja, es la mejor conservada
del Castillo. Tiene 24 metros de altura y lleva adosada
una pequeña torreta con una reducida escalera de
caracol. La Vieja Torre del Homenaje es un cubo macizo con
una ventana hacia el interior en cuyo dosel semicircular
está grabado el escudo del castillo.
|