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Este magnífico monumento consta de tres naves con
capillas adosadas y esbeltas bóvedas. Su interior
produce una sensación de enorme altura gracias
a sus pilares sin capiteles. La cabecera, de gótico
florido español, se muestra verticalizante, con
pináculos y finos contrafuertes de gran sencillez,
y con una ornamentación hoy desaparecida o nunca
terminada que no sobrecarga la visión del conjunto.
Sobre este cuerpo, la imagen de Pedro Mato, un acaudalado
maragato, el cual se ha convertido en una de las insignias
de la ciudad.
La fachada occidental y sus dos torres terminaron de construirse
a principios del siglo XVIII. En dicha fachada se puede
hallar una enorme diversidad escultórica, con toda
clase de elementos decorativos. La puerta es de tipo abocinado
con arco tribulado que se enmarca con columnas y su parte
superior queda adornada por un cascarón con tres
compartimentos en los que se reproducen escenas evangélicas,
y, a ambos lados, dos grandes relieves con pasajes sobre
la mujer adúltera y la expulsión de los
mercaderes.
En el interior del templo destaca el bellísimo
retablo de la Capilla Mayor -restaurado para albergar
la exposición "Las Edades del Hombre. Encrucijadas"
en el año 2000-, una de las obras más sobresalientes
del arte español en el siglo XVI. Consta de predela,
tres pisos, cinco calles y remate de esculturas exentas,
reproduciéndose en el banco las "virtudes"
y en las tablas escenas de la vida de Jesús y de
la Virgen, todo ello adornado con multitud de angelotes
con sorprendentes cuerpos de hombre.
La catedral posee otros excelentes retablos como el de
San Miguel, hispano-flamenco del siglo XVI, que permite
apreciar unas delicadas tablas con escenas de la vida
de Jesús y una predela con figuras de medio cuerpo.
El retablo de la Majestad, llamado así porque en
su hornacina central se halla una talla de la Virgen de
la Majestad, contiene interesantes pinturas de Juan de
Peñalosa, con santos anteriores y posteriores a
Trento y una escena religiosa de gran valor testimonial
que reproduce el ambiente de la Astorga del seiscientos.
El retablo de San Jerónimo muestra varias tablas
dedicadas a pasajes de la vida del santo, son efectistas
y de excelente composición.
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