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Existe una leyenda que explica la actual ubicación
de los restos del santo. Se cuenta que; un día, cuando
había mucha enfermedad, la gente llevó el
cuerpo de San Isidoro en procesión a un pueblo que
se llama Trobajo del Camino, cerca de León. Todas
las personas que llevaban el cuerpo anduvieron descalzas
y cantaron himnos, para conducir la enfermedad afuera. Entonces,
el cuerpo pesó mucho, y la gente no pudo transportar
ni levantar el cuerpo. El Rey de León se enojó
mucho y les ordenó construir una iglesia sobre los
restos.
Pero, la Reina suplicó a San Isidoro, y él
permitió a algunos niños a devolver los restos
a León, donde la gente erigió una capilla.
El estilo arquitectónico de la Iglesia de León
es el románico francés. El templo, que en
realidad se llama La Real Basílica de San Isidoro,
consta de una iglesia de cruz latina, con tres naves y tres
ábsides, rematado con torre cuadrada, la Torre del
Gallo.
En San Isidoro se guardan numerosas pinturas renacentistas.
Muchas de ellas narran la vida de Jesucristo, y recogen
decoraciones y detalles de la naturaleza. Los capiteles
del interior son interesantes, representan escenas de la
naturaleza y la bestia. Son muy interesante las semejanzas
y diferencias entre los temas de los corbeles de San Martín
de Fromista y los capiteles de San Isidoro. Ambos hablan
de la naturaleza, pero los corbeles de San Martín
están en el exterior mientras los capiteles de San
Isidoro se encuentran en el interior. En estos últimos
capiteles, se encuentran vegetales suntuosos y de talla
arbitraria, figuras grotescas de animales o personas, o
una yuxtaposición de las dos.
En los techos y paredes del Panteón de los Reyes,
se encuentra uno de los ejemplos más bellos del fresco
románico español. El techo del Panteón
se divide en tres partes, el fresco se extiende por todas
ellas, aprovecha al máximo el espacio limitado de
las paredes hasta la parte superior de los capiteles. En
la parte central del techo, está representada la
figura de Cristo y, luego le siguen los cuatros evangelios,
San Mateo en la figura del hombre con las alas, San Lucas
en la figura de toro, San Marcos como el león, y
San Juan como el águila, así hasta la parte
superior de las columnas.
Esta composición consigue una sensación de
movimiento a la vista de las personas que lo contemplan
desde abajo. Los colores de este fresco no son tan vivos
como los de la Iglesia de San Clemente, otra obra maestra
del fresco español, su paleta recoge el blanco, marrón,
azul y muy poco de ocre, pero su combinación, aunque
modesta, logra aportar un aire de estabilidad y serenidad
a la gente lo contempla.
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