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Ha estado en manos de diferentes órdenes
religiosas; en 1079 Alfonso VI de Castilla lo entregó
a los monjes cluniacenses. En 1487 el Papa lo cedió
como encomienda a Rodrigo de Borja, que más tarde
sería el Papa Alejandro VI, lo que significa que
desde esta fecha hasta 1513 Santa María fue una abadía
independiente. Desde fines del S. XIX, tras el gran deterioro
y expoliación que sufrió a causa de la desamortización,
lo gobierna una comunidad de franciscanos.
La iglesia primitiva, construida entre 1044 y 1056, era
de estilo románico, posteriormente, a lo largo del
S. XV y XVI se volvió a reconstruir. Tiene tres naves
de cinco tramos de distinta altura con crucero y triple
cabecera rectangular. Las bóvedas son de crucería
y de crucería de terceletes en cabecera mayor, brazo
del crucero y último tramo de la nave de la epístola.
Un triforio recorre el crucero y la cabecera que al exterior
presentan, a modo de estribos, seis torreones defensivos
redondos.
Uno de los elementos más bellos es el coro con una
de las mejores sillería del arte español.
Su estilo es gótico florido y fue realizado hacia
1495. Bajo él está el Panteón Real
con las estatuas orantes de los reyes fundadores, destacando
de entre todos los sepulcros el sarcófago románico
de Doña Blanca de Navarra. En el centro del panteón,
excavada en la roca, se encuentra la entrada a la cueva
en la que según la tradición el rey García
encontró la imagen de la Virgen.
También destacan el Claustro de los Caballeros -sepulcro
de numerosos nobles-, es una de las joyas de la arquitectura
en La Rioja. Y la Capilla de la Veracruz, mandada construir
por la reina de Portugal Doña Mencia López
de Haro y que alberga su sepulcro y los de sus hermanos,
así como el del gran poeta Garcilaso de la Vega.
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